No podía ser de otro modo. El año en que Hollywood abre las tripas de los
servicios secretos norteamericanos, una película de espías 'made in CIA'
consigue el gran premio del cine. El trabajo de la agencia ha
sido la gran fuente de ficción del año. Lo hemos visto en 'Homeland', con la
obsesión de Carry Mathison y el integrismo de Al Qaeda, o con Kathryn Bigelow y su 'noche más oscura',
aquélla en que se liquidó a Bin Laden.

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