EL PRESO
El prisionero ha permanecido
encerrado durante mucho tiempo. Ya no recuerda la luz del sol ni el color de
las montañas. Está convencido de su inocencia, pero sus intentos por
demostrarla han resultado infructuosos. Recuerda cuando era libre y trabajaba
en un banco de su población. El día a día estaba lleno de alicientes. El
trabajo le gustaba y cuando salía a almorzar charlaba con sus amigos. Luego
volvía a casa y allí le esperaba su esposa y su hija, que eran el centro de su
existencia. La vida discurría de una forma tranquila. Por eso se quedó tan
sorprendido cuando recibió la denuncia. Lo acusaban de haberse apropiado de una
cantidad de dinero que faltaba en una cuenta corriente. Contrató a un buen
abogado, pero las evidencias se acumularon en su contra y acabó entre rejas. En
su barrio era muy conocido y organizaron una campaña para pedir su libertad
pero de nada sirvió. La realidad era que llevaba un tiempo en prisión y sin
perspectivas de salir de allí. Se apuntó a algunos talleres de manualidades
para estar ocupado y hacía ejercicio en el gimnasio porque quería mantenerse en
forma. Hizo amistad con un preso peruano condenado por robo. Le contaba cosas
de su país y descubría otras civilizaciones. Sería bonito poder viajar algún
día a Sudamérica.
Siempre había
considerado la selva virgen como una tierra de oportunidades, un país donde un
espíritu aventurero podría triunfar en la vida. Pero la realidad era que estaba
entre rejas, lejos de los suyos.
Comenzó a practicar ejercicios de yoga para relajarse. El tiempo le
pasaba más rápido y tenía la sensación de estar entretenido. Pasaron las
semanas y un día le comunicaron que quedaba en libertad por buena conducta.
Salió por fin y fue a ver a su familia. Decidieron que emigrarían a América del
Sur, en busca de una nueva vida
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